“Reconocernos en la autonomía y en la posibilidad de desobedecer genera reacción misógina” Afirma Verónica Gago, doctora en Ciencias Sociales, participante del colectivo #Niunamenos Argentina.

La investigación que desarrolla actualmente la académica argentina Verónica Gago, de la Universidad de Buenos Aires, vincula la cuestión de los derechos desde una perspectiva de género, las economías populares y las prácticas de resistencia. Participante del colectivo #Niunamenos Argentina, aborda los temas feministas, de ahí que en la Universidad de Valparaíso, como parte de una nutrida agenda de actividades, haya dictado la conferencia “¿Hay una guerra ‘en’ el cuerpo de las mujeres?”.

Invitada en el marco del programa de visitas académicas del Convenio de Desempeño para las Humanidades, Artes y Ciencias Sociales, la doctora en Ciencias Sociales y licenciada en Ciencia Política desarrolló sus actividades al alero del recién creado Centro de estudios Interdisciplinarios en Teoría Social y Subjetividad (CEI-TESYS).

Culpabilización de la protesta

Consultada sobre la dicotomía que se presenta cuando una sociedad condena mayoritariamente el maltrato a las mujeres y el femicidio, y a pesar de ello siguen produciéndose, Verónica Gago explica:

“Creo que hay una relación que se intenta establecer como causal: ‘más movilización, más muertes’. De hecho, en Argentina los periodistas muchas veces nos dicen ‘pareciera que están más organizadas y cada vez las matan más’. Lo que nosotras leemos ahí es una forma de culpabilización de la movilización. En vez de empezar a indagar otra relación posible entre movilización y los femicidios, hay una movida fuerte de los medios que me parece una operación de culpabilización. Y eso allá en los medios circuló por distintos discursos especializados, desde juristas que decían ‘las manifestaciones no tienen —este era el término— eficacia preventiva’, hasta medios que citaban a peritos psicológicos diciendo ‘es que las mujeres van a la marcha, se creen muy empoderadas, vuelven a su casa y están solas’. A nosotras nos parece una operación muy tremenda de culpabilización”.

Lo que sí hay que pensar —enfatiza— “es qué pasa con este incremento de la violencia contra las mujeres. Los femicidios son el momento más brutal, pero también hay un montón de otras formas de violencia. Nosotras creemos que hay dos cuestiones: una mayor sensibilización de las mujeres, pero sobre todo una respuesta, una reacción misógina a formas de autonomía que en el hogar, en la pareja, en el trabajo, en tu forma de vestirte, en todo, se empieza a hacer muy evidente. Es decir, desde las chicas jóvenes hasta una mujer que lleva casada con su marido cuarenta años. Hay algo de esta forma de reconocernos en la autonomía y en la posibilidad de desobedecer y de desacatar ciertos mandatos, que genera reacción misógina”.

Esto pasa, a juicio de la investigadora, porque “cada vez nos visibilizamos mostramos furia, pero también dolor. Pero no nos quedamos sólo en el dolor, que ese me parece que es un punto que también genera parte de la reacción misógina. Porque una cosa es que te movilices y te muestres dolidas, y otra es que no sólo estamos dolidas: también convertimos ese duelo en rabia colectiva. Y eso genera mucha reacción, porque nos saca del lugar de pobres víctimas. Desde ese lugar sí que nos pueden leer más fácil: pobres víctimas, hacen esto, no les queda otra. Además, cuando te ubicas en la figura de la víctima, las respuestas desde el Estado son más fáciles: políticas de reparación, refugios; pero cuando te corres del lugar de víctima, está claro que ese problema no se resuelve con una política pública simplemente”.

Más allá de lo doméstico

Uno de los temas expuestos desde el movimiento #Niunamenos, prosiguie Verónica Gago, es la forma de poner en conexión distintas violencias: “No reducir la violencia al hogar, como violencia doméstica; primero, porque los hogares hoy ya no son lo que eran, y segundo porque hay que conectar esa violencia doméstica con la violencia política, la violencia económica y la violencia social. Esto porque en buena medida hay una desestructuración del rol masculino, ocupado en los espacios sociales, sobre todo de trabajo, y las formas de humillación que se reciben en los lugares de trabajo que después repercuten directamente en que esa impotencia aparece como violencia contra las mujeres. Ese vínculo entre formas de precariedad y explotación laboral y formas de violencia doméstica, es fundamental, a la vez que permite otra crítica: ya logramos que los medios dejen de hablar de ‘crímenes pasionales’, pero ahora lo que necesitamos es pensar desde lo doméstico en conexión con otras dinámicas sociales, políticas y económicas”.

La violencia económica es un elemento clave, “porque es algo que nos impide autonomía. Muchas de las mujeres que quisieran irse de sus casas no pueden, no tienen cómo, y no tienen red. En eso, es muy importante el tipo de organización social. Por ejemplo, hay muchas vecinas que se autoconvocan, en un sistema de protección, de ayuda, que está siendo bien interesante, porque antes no había tanta sensibilidad frente a la que tenías al lado”.

Esa falta de sororidad también tiene una explicación: “Creo que el mandato patriarcal es el que nos hace competir entre nosotras, desconfiar entre nosotras y ver en la otra la causa de tus angustias, lo que claramente nos pone en una relación de competencia. Ese es el mandato patriarcal: no vernos como cómplices o como aliadas. Creo que ese es el trabajo más difícil que enfrentamos, porque es el más cotidiano. Por ello es importante dar identidad y dignidad a las distintas formas de organización, son formas que se van generando como complicidades y que arman otro cotidiano”.

Otra comprensión de “feminismo”

Para Verónica Gago, “esta irrupción del feminismo es algo que está siendo muy apropiado desde distintos lugares. Antes, por lo menos en Argentina, había mucho prejuicio con la palabra ‘feminismo’; pertenecía al mundo académico, pero desde los barrios, desde las organizaciones, no era una palabra que hiciera sentido con tu experiencia. Y ahora eso está cambiando”.

¿Y por qué está cambiando?: “Las mujeres necesitamos herramientas para pensar por qué nos matan. Y eso nos pone a juzgar también el lugar de nuestro cuerpo, de nuestra experiencia, de nuestro lugar situado, para pensar por qué nos hemos convertido en nuevos territorios de conquista. Como dicen muchas feministas, sobre todo de América Latina, que están tratando de pensar esta relación entre el cuerpo y la tierra como dos territorios de conquista, o de recolonización”.

La tarea pendiente para resolver la situación de desmedro de las mujeres, implica desaprender muchos conceptos. “Es muy interesante —señala la doctora Gago—cuando vemos a las chicas jóvenes. Por ejemplo, una cosa que a nosotras nos emociona mucho en Argentina es la toma de colegios secundarios contra un proyecto del gobierno de que el quinto año —el último año de la secundaria— sea de pasantías laborales. Salieron las chicas a decir ‘nosotras no vamos a ser mano de obra barata, ‘nosotras queremos discutir como comunidad educativa, y si hay una reforma, tenemos que tener voz y parte’. Y ellas chicas hablan de #Niunamenos. Vemos ahí como empieza el #Niunamenos a ser capaz de alojar un montón de otros reclamos, otras discusiones, y sobre todo a ser una cosa transgeneracional. Eso me parece que es algo muy importante”.

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