“La falta de conciencia histórica tiene como correlato la imposibilidad de acumular experiencia”

Señala doctor Esteban Mizrahi, de la Universidad Nacional de La Matanza, Argentina, refiriéndose a la imposibilidad de la conciencia histórica en el mundo contemporáneo.

Un presente fragmentado, dividido en áreas de especialización con reglas particulares, y una tendencia masiva a las adicciones, a fin de vivir en una especie de presente constante, marcan a juicio de muchos los tiempos actuales de la sociedad. La causa radicaría en la falta de conciencia histórica, en opinión del doctor Esteban Mizrahi, de la Universidad Nacional de La Matanza, Argentina, quien en visita académica a la UV desarrolla una serie de actividades centradas en la problemática de la conciencia histórica asociada a la experiencia del presente.

El académico argentino fue invitado por el profesor Pablo Aravena, del Instituto de Historia de la Facultad de Humanidades, por medio del Convenio de Desempeño para las Humanidades, Artes y Ciencias Sociales (UVA0901). Entre el 3 y el 7 de octubre, ha dictado la conferencia “Conciencia histórica, lenguaje y acontecimiento”; participado en la mesa de trabajo “La (im)posibilidad de la conciencia histórica en el mundo contemporáneo”, junto a Aravena, y dictado el Seminario Cine e Historia “Filmar lo acontecido. Trauma y memoria del pasado reciente”, en el cual se revisan las producciones “M”, de Nicolás Prividera; “Los rubios”, de Albertina Carri, y “La mujer sin cabeza”, de Lucrecia Martel.

La conciencia histórica

Explica Mizrahi que “en toda la tradición, sobre todo moderna, conciencia histórica significa la acción de un sujeto que se proyecta en el futuro básicamente centrado en un pasado en el cual él se siente protagonista y que influye en el presente. Etonces, esa proyección hacia el futuro y ese obrar al presente orientado hacia el futuro está muy direccionado por el legado recibido. Es la memoria que no es estrictamente individual, sino la memoria recibida a través de una discursividad, de un discurso que orienta las prácticas del presente basado en las experiencias del pasado”.

Es así como determinados referentes históricos “hablan de una tradición, de un determinado linaje intelectual, si se quiere, pero también orientan una lectura en el presente. Y las prácticas del presente abren perspectivas del futuro en función de ese pasado y de la conciencia que se tiene de ser un sujeto que tiene esa carga”.

Sobre la discusión en torno a si hay posibilidad o no de la conciencia histórica en el presente, Esteban Mizrahi indica que a su parecer “está muy vinculada a la fragmentación de las esferas de vida y de los sistemas de saber y de acción, que comienzan la modernidad justamente con discursos de historia, pero que terminan a través de la especialización, fragmentándose de modo tal que se constituyen en sistemas de reglas de saber y de acción parciales pero atemporales”.

Por decirlo de algún modo, añade, “la figura del sujeto histórico es reemplazada en la actualidad por la de un operador. Un operador no necesita saber de historia: necesita conocer cuáles son las reglas de un determinado campo y jugar el juego que se juega con esas reglas, y hacerlo en lo posible de manera óptima. Para hacerlo, y para proyectarse en el futuro como jugador de esas reglas, lo único que necesita es que esas reglas se mantengan medianamente estables”.

Imposibilidad de acumular experiencia

Según explica Mizrahi, esa estabilidad de las reglas puede sufrir cambios moderados sin que haya efectos, “pero en cualquier caso, tampoco el saber del pasado sirve para enfrentar los nuevos cambios, sin entender cómo influyen los cambios en el sistema de reglas. Vivimos en una sociedad cuyo presente está totalmente fragmentado, fragmentado en esferas autónomas de saber y de acción —por decirlo: el sistema económico y las reglas del sistema económico son una cosa, el sistema político y las reglas del sistema político es otra cosa, el sistema familiar y las reglas del sistema familiar es otra cosa, el sistema universitario…—. Todos estos sistemas tienen dinámicas y lógicas propias; para poder tener éxito dentro de estos sistemas, no es necesario conocer la historia de la universidad, la historia de la economía, la historia de la política, sino aprehender el sistema de reglas que gobiernan cada uno de estos sistemas descentrados, y jugar el juego de esas reglas de manera óptima”.

Ahora, “si esto lleva aparejado la falta de conciencia histórica, tiene como correlato la imposibilidad de acumular experiencia. La experiencia tiene que ver con haber hecho un recorrido con algún sistema de reglas en el pasado, de modo tal de poder legar esa experiencia a la generación siguiente, y por eso alguien que es experimentado deja de tener todo valor, porque ese saber es un saber arqueológico, no es un saber que sirva para una praxis vital”.

Sociedades adictivas

Las reglas del juego se vinculan a rendimientos, lo que en la sociedad actual está ligado al ingreso, al dinero, el que a su vez va asociado al consumo. Al respecto, señala el académico argentino: “Por eso vivimos en sociedades adictivas, donde hay tantas adicciones. La adicción al consumo es la principal adicción; puede ser consumo de drogas, consumo de sexo, consumo de deporte, consumo de videojuegos, consumo de lo que fuera. Y qué encarna el consumo: en realidad se trata de producir subjetividades adictivas que intenten reproducir el vivir en una especie de presente constante consumiendo el mismo estímulo”.

—Al no conocer el pasado estamos condenados a repetirlo.

“Esa es la idea. Y la consecuencia es la repetición. La repetición del acto del consumo básicamente”.

—Pero más hacia atrás. Por ejemplo, volver a llegar a una dictadura.

“Creo que hay algo todavía peor: no va a ser necesaria una dictadura porque los objetivos de la dictadura ya están consumados. En última instancia, sería deseable que en el futuro volviera a existir una necesidad de una dictadura, en el sentido de que se hizo una reversión. Porque justamente la dictadura con qué vino a romper: con esos linajes, con las tradiciones libertarias, con las tradiciones emancipadoras, con discursos. Y esos discursos están rotos y esos puentes y esos vasos comunicantes con el pasado están dañados, y están dañados no de manera superficial, sino profunda, porque están dañadas las posibilidades de circulación de experiencia”.

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